Precisión o fluidez ¿Qué importa más?

Uno de los cuestionamientos más comunes cuando aprendemos un nuevo idioma es determinar qué es más importante; la precisión o la fluidez. Siempre escuchamos que Pedro o Marta hablan “inglés fluido” y eso es fantástico. Pero, ¿a qué se refieren con esto? ¿Es realmente lo más importante?

Veamos primero qué es cada uno:

La fluidez es la habilidad de hablar o escribir fácilmente una lengua entregando nuestras ideas en forma natural, sin ayuda de un diccionario o aplicación. Suena muy específico, pero la verdad es que no siempre lo es. A veces somos expertos en un área, como sucede con los ingenieros, los médicos y otros profesionales que están acostumbrados a utilizar términos relacionados con su trabajo, pero que al enfrentar una situación social como una fiesta, un almuerzo o simplemente unas vacaciones, tienen dificultades para desenvolverse porque les falta el vocabulario diario, ése que es tan necesario para mantener una conversación acerca de la vida cotidiana y realizar acciones tan simples como reservar una mesa, hablar del clima o preguntar por la familia. Si además la persona es introvertida, se complica aún más, pero puede mejorar con el tiempo y así lo demuestran los millones de personas que han logrado autonomía en un segundo idioma.

La precisión, por otra parte, mide el nivel y uso de las estructuras gramaticales y vocabulario que tenemos disponibles y realmente utilizamos al momento de comunicarnos, ya sea en forma oral o escrita. Requiere estudios formales, y se puede medir mediante exámenes y certificaciones. A muchos potenciales estudiantes de idiomas les significa una complicación, por el estudio que requiere llegar a tener un buen nivel en esta área, pero es necesario.

En realidad, para comunicarse bien en inglés, o en cualquier idioma que aprendamos, hay que dominar ambos aspectos, al menos lo suficiente como para sentirnos cómodos al hablar o escribir en este segundo idioma. Porque esa es nuestra meta, ¿verdad? Llegar a poder mantener una conversación en ese idioma y que de verdad nos entiendan.

Para algunos, la fluidez llega sola, es parte de su personalidad, tienen facilidad para los idiomas en general, no hay temor a equivocarse, se ríen y aprenden de sus propios errores, y logran darse a entender muy tempranamente, aunque no siempre esto vaya de la mano con la precisión.

Para otros aprender un nuevo idioma es un desafío, les cuesta más. Para ellos generalmente la precisión es la meta y analizan cada frase antes de decirla, aunque la conversación tome más tiempo. Hay casos en que ambos aspectos van en paralelo a paso rápido, y otros en que el proceso es lento, todos somos distintos. Hay casos en que se adquiere un alto nivel de fluidez sin haber jamás estudiado el idioma, pero con una baja precisión. Parece difícil comenzar a re-ordenar, esta vez sobre una base léxico-gramatical, pero no es imposible.

Cada caso es único. Y la meta es siempre la misma: hablar en otro idioma, cosa que es claramente posible. Dicen que cuando se quiere, se puede. El secreto es lograr precisión y fluidez de acuerdo a nuestros objetivos personales: ¿Quiero viajar? ¿Estudiar un post grado? ¿Emigrar a un país de habla inglesa? ¿Busco trabajar en una empresa multinacional? Quizás mi meta es poder leer y ver películas en inglés, o ayudar a mis hijos con las tareas del colegio. No hay razones más importantes que otras, todas son igualmente válidas. Sólo hay que dar el primer paso hacia ese equilibrio entre precisión y fluidez que nos permitirá comunicarnos sin temor a ser mal entendidos.

Leí un texto en Internet que refleja el proceso de aprendizaje de un nuevo idioma y que quiero dejarles:

“El profesor debe saber crear un balance entre fluidez y precisión en sus alumnos. No es tarea fácil y requiere buen uso de la teoría, material, experiencia y espontaneidad en clase. Pero recuerden que el profesor es solo un facilitador y guía. Depende también del alumno practicar lo aprendido fuera de clase para afianzar estructuras y frases aprendidas y así incorporarlas a su lenguaje activo”